El presidente Javier Milei confirmó este mediodía que viajará el año próximo a Jerusalén para inaugurar la embajada argentina en Israel. El anuncio se realizó en la Casa Rosada durante la reunión que mantuvo con el canciller israelí Gideon Sa’ar, quien arribó al país acompañado por una delegación de empresarios con el objetivo de reforzar los vínculos bilaterales.
La decisión de trasladar la sede diplomática fue anticipada por el mandatario en septiembre, durante una visita a Paraguay, y previamente comunicada en junio ante el Parlamento de Israel. Según Milei, la mudanza de la embajada desde Tel Aviv a Jerusalén Oeste se concretará en 2026, a pesar del contexto de conflicto en Gaza.9
Durante su intervención en la Knéset, el presidente expresó que se sentía «orgulloso» de anunciar el traslado y sostuvo que su administración afirma el derecho de Israel a la legítima defensa. Además, justificó la medida en términos de afinidad y lealtad diplomática: «No son muchos los países que se plantan del lado del bien«, declaró, reivindicando así la intención de afianzar la alianza con el primer ministro Benjamín Netanyahu.
El anuncio implica un cambio significativo en la política exterior argentina, con implicancias simbólicas y prácticas en el marco de la política internacional. El traslado de una embajada a Jerusalén suele generar reacciones diversas entre la comunidad internacional, dada la disputa en torno al estatus de la ciudad. En este caso, la inversión diplomática se presenta acompañada además por una agenda económica, marcada por la presencia de empresarios israelíes en la delegación que visitó Buenos Aires.
Quedan por definirse detalles logísticos y temporales del traslado, así como la recepción que esa decisión provocará entre socios regionales y actores multilaterales. La confirmación del viaje presidencial para la inauguración en 2026 marca un horizonte concreto para la ejecución del cambio de sede, que será seguido de cerca por observadores políticos y diplomáticos.




