Médicos de elite atendían a las mujeres retenidas por el agresor sexual Epstein en su mansión

Los documentos desclasificados en enero sobre el caso Jeffrey Epstein revelan en detalle cómo un reducido grupo de médicos de prestigio le brindó servicios exclusivos tanto a él como a las jóvenes que orbitaban a su alrededor, en algunos casos cruzando límites éticos y profesionales.

Entre los registros aparecen mensajes, correos electrónicos, resultados de laboratorio y comprobantes financieros que muestran la relación de Epstein con más de una docena de profesionales entre 2009 y 2019. Los papeles exponen cómo el financista, condenado por delitos sexuales y fallecido en prisión en 2019, utilizaba su poder económico para acceder a atención médica VIP permanente y, al mismo tiempo, influir en decisiones sanitarias de mujeres jóvenes vinculadas a él.

Uno de los episodios más impactantes involucra a una cirujana plástica del hospital Mount Sinai, quien realizó 35 puntos de sutura en la frente de una joven que se había accidentado, en la propia mesa del comedor de la residencia de Epstein. La escena quedó registrada en una fotografía incluida en los archivos oficiales. Especialistas en ética médica consultados en la investigación señalaron que una herida de esa magnitud debió haber sido tratada en una guardia hospitalaria equipada para emergencias, y no en un domicilio particular.

Los documentos también muestran cómo Epstein intervenía directamente en la salud de las mujeres con las que mantenía relaciones. En mensajes privados ordenaba que acudieran a consultas ginecológicas, tratamientos estéticos o intervenciones odontológicas. En un intercambio, incluso se consulta cuánto trabajo dental debía realizarse a una joven con graves problemas de caries, dejando entrever que la decisión económica dependía exclusivamente de él.

En Florida, su médico personal gestionó tratamientos para enfermedades de transmisión sexual. En un caso, recomendó que dos mujeres fueran atendidas en una guardia externa para evitar que los reportes obligatorios ante las autoridades sanitarias quedaran vinculados al nombre de Epstein. También existen comunicaciones en las que el financista pregunta si las mujeres habían revelado el origen del contagio.

Otro punto delicado es el intercambio de información médica privada. En varios correos, profesionales informan directamente a Epstein sobre resultados de estudios o tratamientos de mujeres adultas. En al menos un mensaje, una de ellas expresa su incomodidad por esa situación y pide que su información no sea compartida con él.

La relación de Epstein con el hospital Mount Sinai fue particularmente estrecha. Realizó donaciones millonarias y accedía a servicios médicos las 24 horas. Una médica vinculada a la institución actuaba como nexo entre el financista y distintos especialistas, facilitando consultas, procedimientos y hasta puestos de voluntariado para jóvenes recomendadas por él. Tras la publicación de los documentos, el centro médico anunció la conformación de un comité interno para revisar sus vínculos con el financista.

Los archivos también detallan aportes económicos a fundaciones médicas, inversiones en emprendimientos vinculados a profesionales de la salud y favores personales, como gestiones para estudios preventivos de figuras influyentes. A cambio, Epstein recibía atención personalizada, visitas a su isla privada y trato preferencial.

En otro tramo de la documentación se describen servicios brindados por dermatólogos, cirujanos y médicos de atención privada en Manhattan, incluyendo membresías anuales en salas de emergencia exclusivas donde las pacientes eran registradas sin nombre propio, identificadas únicamente como “asistentes”.

Varios de los médicos involucrados sostuvieron posteriormente que desconocían cualquier actividad ilegal y que su vínculo fue estrictamente profesional. Sin embargo, los registros muestran una dinámica en la que el poder económico de Epstein y su capacidad de influencia parecían pesar en decisiones clínicas, administrativas y éticas.

La nueva documentación vuelve a poner bajo la lupa no solo la red de contactos políticos y financieros del financista, sino también el rol que desempeñaron instituciones médicas de primer nivel y profesionales reconocidos en la atención que recibió él y las mujeres bajo su órbita.

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