Mayoristas tucumanos prevén estabilidad de precios de cara a las fiestas

En el umbral de las fiestas de fin de año, los comercios de Tucumán afrontan un escenario complejo: meses de consumo en retroceso y expectativas reservadas sobre una recuperación inmediata. Frente a esa coyuntura, desde el sector mayorista llegó un dato que aporta cierto alivio: los precios de alimentos muestran una estabilidad relativa. Este comportamiento, explican los actores de la cadena comercial, funciona como un ancla que evita que la demanda se desplome con la misma intensidad que en períodos de alta inflación.

Productos de alta incidencia en la canasta festiva —como el azúcar, la harina y los fiambres— han experimentado variaciones muy moderadas en sus precios, lo que permite a kioscos, autoservicios y almacenes planificar compras y ofertas con mayor previsibilidad. Para los comerciantes, esa previsibilidad reduce el grado de incertidumbre a la hora de confeccionar listas de productos para las celebraciones y diseñar estrategias de remate y financiación que atraigan al consumidor.

No obstante, la esperanza por mantener esa calma tiene matices. Tradicionalmente, la cercanía de las fiestas suele activar aumentos por una combinación de mayor demanda y dinámicas especulativas en distintos eslabones de la cadena de comercialización. Por ello, desde el sector mayorista advierten que la estabilidad actual no está garantizada: dependerá tanto de la evolución de los costos internacionales y locales como de la actitud de los minoristas ante la presión por mayores márgenes.

Los comerciantes tucumanos, por su parte, confían en que la conjunción de precios estables y promociones orientadas a facilitar el acceso permitan al menos moderar la caída del consumo. A la espera de una recuperación más sostenida, la estrategia predominante apunta a equilibrar stock y oferta, preservar márgenes sin trasladar aumentos innecesarios y fomentar mecanismos de pago que incentiven la compra en un contexto en el que el poder adquisitivo sigue siendo un factor sensible.

En definitiva, la calma en los precios de algunos alimentos arroja un respiro en medio de un panorama de desaceleración del consumo. Si esa tranquilidad perdura hasta las fiestas, los comerciantes podrían encontrar una ventana para amortiguar el impacto negativo en ventas; si se quebrara, la lógica del mercado promete transmitir cualquier presión de costos a los consumidores, con el consiguiente riesgo de profundizar la caída del gasto.

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