El 2027 se lanzó antes de tiempo; eso es evidente. Ya estamos en tiempo de descuento y esto sucede a nivel nacional. Los partidos políticos están negociando y buscando soluciones, sobre todo. La Unión Cívica Radical parece letargada, callada y silenciosa, pero está negociando política a nivel nacional, algo que también tiene su réplica aquí en la provincia. Están buscando cómo jugarán en el tablero, porque esa es la realidad: una quietud visiblemente silenciosa, a pesar de los pesares y de los intentos.
Por otro lado, Myriam Bregman, desde la izquierda, está tratando de ocupar lugares con encuestas que la favorecen. Su posicionamiento es evidente; sin ir más lejos, ayer en Tucumán atraparon en la madrugada a dos hombres pegando carteles de Bregman en la vía pública. Ya están libres, pero operan de esa manera para posicionarla y buscar ese espacio que no han tenido hasta ahora, con muy poca capacidad de votos a nivel nacional, aunque siempre con repercusión en la provincia.
En el Partido Justicialista, las estrategias de Axel Kicillof parecen manotazos de ahogado. Pensar en Juan Román Riquelme como presidente del PJ o como gobernador de la provincia de Buenos Aires puede ser visto como una estrategia política válida. Riquelme es amado y odiado a la vez, pero como cabeza de lista, en un contexto de implosiones y explosiones en el PJ, Kicillof busca posicionarse. De hecho, ya actúa como tal; en España se mostró como candidato a presidente para 2027. Eso es lo que se está manejando.
Lo más difícil para Axel Kicillof hoy, a mi humilde entender, es definir si se despega y va solo o si lo hace con la venia de Cristina Fernández de Kirchner. Aunque suenan otros nombres como Massa, el más fuerte es Kicillof, quien debe definir qué hará con Cristina. Para él, ella representa un «collar de sandías», pero sigue siendo la líder del partido.
La Libertad Avanza no se queda atrás. Ayer escuchaba hablar al «Gordo Dan», quien quiere ayudar, pero lo que hace es perjudicar. Existe una interna entre Martín Menem y Santiago Caputo que, según dicen, ha terminado porque Santiago es «como un hermano». La cuestión es que hoy Milei quiere ser candidato a la reelección, pero tiene a una Patricia Bullrich rebelde. Ella participó en la contienda electoral anterior, perdió y se puso a disposición de Milei, pero hace poco ha «sacado las uñas»; no puede con su genio, y eso no está mal.
Bullrich está pidiendo explicaciones al Jefe de Gabinete; además, hoy es senadora nacional y no ministra de Seguridad. Por su parte, Mauricio Macri tal vez quiera ser candidato a presidente por el PRO, pero no descarta mirar con buenos ojos a Bullrich. No olvidemos que ella ha cambiado varias veces de mando, aunque hasta ahora se ha mostrado alineada con La Libertad Avanza. Sin embargo, el abrazo y el beso en una de las últimas reuniones no cayó bien en el oficialismo. Como si fuera poco, persiste la pelea entre Milei y Victoria Villarruel, su vicepresidenta, quien ayer pidió que Adorni presente su declaración jurada.
Este partido presenta una implosión superior a la de los otros. Mientras el PJ no tiene nada, La Libertad Avanza tiene mucho, pero atraviesa una pelea intestinal muy grande. El presidente Milei salió a explicar en el libro El Legado que no es una interna, sino un intercambio de opiniones. Allí culpó a Macri por no haber hecho el ajuste en su momento.
Finalmente, están los partidos satélites que competirán en esta contienda. Lo novedoso es que la campaña se lanzó de manera anticipada apuntando al 2027. Cualquiera que lo vea de soslayo creería que ya estamos en ese año, pero es una campaña prematura. Todos los partidos políticos tienen hoy materias pendientes y problemas internos profundos. La campaña será larga, dura y tediosa. Probablemente haya un impase durante el Mundial 2027, el campeonato más importante de fútbol, para luego entrar directamente en el tiempo de descuento. Es una política «desvergonzada» que ha largado la carrera antes de tiempo, a pesar de los problemas que atraviesa la Argentina.



