El Gobierno tiró la piedra y se guardó: creen que la medida cautelar que prohíbe la difusión de los audios de Karina Milei grabada en la Casa Rosada fue un éxito. No porque hayan podido frenar la distribución de tales publicaciones, sino porque, están convencidos, lograron el motivo por el que impulsaron la medida en primer lugar: distraer la atención pública del caso de los audios de Diego Spagnuolo que señalan coimas en la Agencia Nacional de Discapacidad, sobre todo, con la connivencia de la cúpula libertaria.

“Estamos hablando de eso y no estamos hablando de lo otro, ¿no?“, dijeron cerca de los Milei con satisfacción. En el círculo presidencial, la inquietud por la centralidad que adquirió el caso de los supuestos sobornos en contrataciones y compra de medicamentos escaló a lo largo de los últimos 15 días, y pasó de preocupación al grado de desesperación a fines de la semana pasada. La aparición de nuevas grabaciones con la voz de la hermana del Presidente empeoró los ánimos, pero fue la puerta de entrada para generar un nuevo operativo de distracción.
Con la presión de correr el eje de la discusión autoimpuesta, en la Casa Rosada decidieron pasar del plan de “dejar que actúe la Justicia” -que marcó Guillermo Francos al inicio del escándalo- a amenazar con una acción legal contra Spagnuolo, que por ahora no se concretó; a avanzar contra la prensa con una denuncia ante la Justicia Federal donde, entre otras cosas, se pidió que se allanara el piso del canal de streaming Carnaval, que publicó las grabaciones.
Esta última acción, admiten, es por demás inservible en términos prácticos, porque las grabaciones circularán en redes sociales de todas formas. Al igual, por ejemplo, que los videos creados con Inteligencia Artificial por los libertarios para perjudicar a PRO, que fueron publicados en X e Instagram violando la veda electoral en la última elección porteña, sin que ello provocara ninguna represalia.



