Pasaron seis años desde el crimen de Fernando Báez Sosa, un caso que conmocionó a la Argentina y dejó una huella imborrable en la sociedad. Hoy, los ocho rugbiers condenados por el asesinato cumplen sus penas en la Alcaldía N°3 de Melchor Romero, en la provincia de Buenos Aires.
Lejos de las cámaras y la exposición mediática que marcó el juicio, los jóvenes atraviesan una vida intramuros, marcada por la rutina carcelaria. Entre talleres, estudios, recreación y períodos de aislamiento, pasan sus días esperando una definición que puede cambiar su destino: la resolución de la Corte Suprema de Justicia sobre las apelaciones presentadas contra las condenas.
La rutina de los rugbiers en Melchor Romero
Todos los rugbiers tienen la posibilidad de recibir visitas una vez por semana. Sus familiares los visitan los jueves y les llevan alimentos, bebidas y otros elementos para sobrellevar los días en prisión.



